EL VACÍO INTERIOR…

Nos pasamos la vida centrados en las obligaciones diarias, corriendo de allá para acá, mirando el tiempo que se nos escapa de las manos sin poder llegar a alcanzar la cantidad de objetivos que nos imponemos en nuestra rutina, descartando actividades en función de la prioridad, la urgencia, la necesidad o el postureo.

Nos olvidamos de atendernos, dejándonos para más tarde, un más tarde que casi nunca llega. Echando encima de nosotros situaciones y momentos que nos generan emociones que no trabajamos, alimentando nuestros bloqueos internos para llevarnos a un estado cada vez más estresante, depresivo, ansioso, etc…

Ese estado nos va provocando una sensación de pérdida, en la que sentimos que llegamos al objetivo que nos hemos impuesto con un vacío, frío, duro, que se apodera de nosotros creando una ansiedad y un estado de insatisfacción que genera agonía. Una agonía desesperante que necesitamos rellenar con todo lo que podamos, principalmente con cosas externas, obligándonos a seguir viviendo en la necesidad de tener más, de alcanzar más objetivos, de vivir más experiencias, dando siempre como resultado el descontento interno.

Por el contrario Lao-Tsé dice:

«Treinta radios de rueda convergen en el eje, del vacío depende el movimiento del carro.

Se recoge barro y se moldea, del vacío depende la utilidad de la vasija.

Se instalan puertas y ventanas, en los muros de una casa, pero del vacío interior depende su utilidad.

Por ello lo que es sirve de posesión, lo que no es depende de la utilidad.»

Es del vacío interno de donde podemos sacar verdaderamente nuestro mayor potencial, nuestra mayor satisfacción enriquecedora en realidad.

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